La belleza de las mujeres venezolanas es mucho más que un mito. Aquí estoy yo para demostrarlo. Me llamo Silvina y mi hermosura honra a mi país y a todas las mujeres bellas que en él han nacido. A esa belleza sumo una forma de ser cercana y afectuosa y un saber estar discreto y elegante que me permiten adaptarme a todas las situaciones y ambientes. En ellos siempre dejo la huella de mi dulzura, una especie de aroma etéreo pero adictivo que permanece por siempre en la memoria de quien me ha conocido de cerca y ha descubierto que yo tengo la llave de todos los paraísos.