Hola. Me llamo Barbara. Soy brasileña, y traigo conmigo algo de ese país que no se explica: el calor, la música en la voz, la manera de mirar sin prisa. Me muevo con naturalidad entre lo elegante y lo cercano. Sé estar en una cena de mantel largo y sé también cuándo una conversación necesita silencio y una copa. Cuido los detalles —el perfume, la ropa, la hora— porque el lujo, para mí, es atención. No ofrezco compañía para llenar un hueco. Ofrezco presencia: la de una mujer que disfruta de verdad estar ahí, que escucha, que ríe sin fingir y que sabe convertir una noche cualquiera en una que se recuerda.